La provincia de Los Ríos vuelve a ser escenario de violencia extrema. A menos de dos semanas del ataque armado ocurrido en Quinsaloma, un nuevo hecho sangriento deja en evidencia que la espiral de inseguridad no da tregua ni muestra señales de contención.
La tarde del miércoles 8 de abril de 2026, en la cooperativa 20 de Febrero de la parroquia Venus del Río Quevedo, tres hombres fueron asesinados tras una ráfaga de disparos que sembró terror entre los moradores. Las víctimas fueron identificadas como José Yoza, Milton Sánchez y Jefferson Briones.
Este nuevo episodio no solo incrementa la cifra de muertes violentas en la provincia, sino que también refleja un patrón cada vez más recurrente: ataques armados en espacios cotidianos, a plena luz del día y con múltiples víctimas, lo que evidencia el debilitamiento del control territorial por parte del Estado.
Aunque la Policía sostiene la hipótesis de un posible “ajuste de cuentas”, señalando que una de las víctimas registraba antecedentes penales, esta explicación resulta insuficiente frente a la complejidad del fenómeno. Reducir estos hechos a disputas entre actores criminales invisibiliza una realidad más amplia: la exposición constante de ciudadanos —con o sin vínculos delictivos— a escenarios de violencia letal.
El testimonio de los familiares rompe esa narrativa simplificada. “No es justo que lo hayan matado, estuvo en el lugar equivocado”, expresó un allegado de Briones, quien, según vecinos, trabajaba como maestro soldador. Su caso evidencia cómo la violencia ya no distingue perfiles y alcanza a quienes quedan atrapados en medio de dinámicas criminales que desbordan cualquier lógica de “objetivo específico”.
La reiteración de masacres en corto tiempo plantea serios cuestionamientos sobre la efectividad de las estrategias de seguridad implementadas. Más allá de operativos reactivos o declaraciones oficiales, los hechos sugieren una falta de prevención estructural, inteligencia efectiva y presencia sostenida del Estado en territorios vulnerables.
En este contexto, Los Ríos no solo enfrenta una crisis de seguridad, sino también un proceso de normalización de la violencia, donde los asesinatos múltiples dejan de ser excepcionales para convertirse en parte de la cotidianidad. La pregunta de fondo ya no es únicamente quiénes son los responsables, sino por qué estos hechos continúan repitiéndose sin una respuesta estatal capaz de frenarlos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario