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Ecuador en shock: criminales usan uniforme policial para matar

El crimen organizado cruza una nueva lƭnea en Puerto Bolƭvar: ya no solo mata, ahora suplanta al Estado. La masacre evidencia el deterioro de la seguridad y la pƩrdida de control territorial.

La violencia en Ecuador ha alcanzado un nivel alarmante y cada vez mÔs sofisticado. La noche del 25 de abril de 2026, en Puerto Bolívar, parroquia de Machala, un grupo de sicarios ejecutó a cinco personas tras simular un operativo de la Policía Nacional, en un hecho que refleja no solo brutalidad, sino también una peligrosa capacidad de infiltración simbólica del crimen organizado.

Según testigos, cerca de las 20:30, una camioneta con características similares a las institucionales llegó al sector. De ella descendieron hombres armados con chalecos y distintivos que aparentaban pertenecer a la fuerza pública. No era un control: era una sentencia de muerte.

Los atacantes ingresaron a una vivienda, sacaron a una de las víctimas y la ejecutaron en plena vía pública, ante la mirada de vecinos. De forma simultÔnea, dispararon dentro del inmueble, dejando un saldo de cinco personas asesinadas: David Alejandro Fallain Giler, Wilson Alfredo Mejía Melendres, José Daniel Cheme Vite, Jorge Luis Mejía Melendres y Freddy Alejandro Rosado Pacheco. Dos personas mÔs resultaron heridas y permanecen bajo atención médica.

Horas despuĆ©s, el vehĆ­culo utilizado por los sicarios fue encontrado incinerado en el barrio Amazonas, una prĆ”ctica comĆŗn que evidencia planificación y ניהיון de borrar rastros.

Pero mĆ”s allĆ” de la escena del crimen, el hecho deja una pregunta inquietante: ¿quĆ© ocurre cuando los ciudadanos ya no pueden distinguir entre la autoridad y el crimen?

La suplantación de uniformes y operativos policiales marca un punto crítico en la crisis de seguridad que atraviesa el país. No se trata únicamente de violencia, sino de un desafío directo al Estado y a su legitimidad. El mensaje es claro: el crimen organizado no solo disputa territorios, también busca apropiarse de los símbolos del poder.

Este tipo de ataques no son aislados. En varias zonas del país, especialmente en la Costa, se ha vuelto recurrente el uso de estrategias que imitan acciones oficiales, lo que incrementa la sensación de indefensión ciudadana y debilita la confianza institucional.

Mientras la Policƭa investiga y asegura haber identificado a las vƭctimas, la ciudadanƭa enfrenta una realidad cada vez mƔs cruda: la inseguridad no solo se mide en cifras de muertes, sino en la pƩrdida progresiva del control, la confianza y la certeza de quiƩn ejerce realmente la autoridad.




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