La Comunidad Andina (CAN) le puso un alto a la escalada comercial entre Ecuador y Colombia y dejó un mensaje incómodo para ambos gobiernos: las medidas impuestas en las últimas semanas violaron las normas del libre comercio regional y terminaron golpeando directamente a la economía de ambos países.
La Secretaría General de la CAN ordenó a Quito y Bogotá desmontar en un plazo de 10 días hábiles todas las restricciones fronterizas, arancelarias y comerciales aplicadas durante el conflicto bilateral, luego de concluir que ambas naciones incumplieron el Programa de Liberación del Acuerdo de Cartagena, base jurídica del comercio andino.
El fallo representa un duro revés político y diplomático para los gobiernos de Daniel Noboa y Gustavo Petro, que trasladaron sus tensiones políticas al terreno económico, provocando un colapso comercial sin precedentes en la frontera norte.
El dato más alarmante expuesto por la CAN refleja la magnitud del impacto: las importaciones ecuatorianas desde Colombia por el puente de Puente Internacional de Rumichaca cayeron un 92% interanual en febrero de 2026, evidenciando cómo las decisiones políticas terminaron afectando logística, abastecimiento y cadenas de suministro.
Ecuador quedó en la mira por restricciones y cobros
En la Resolución 2581, la CAN concluyó que Ecuador violó las normas andinas al limitar el ingreso terrestre de productos colombianos exclusivamente por Rumichaca, restringiendo otros pasos fronterizos y alterando el flujo normal del comercio regional.
Posteriormente, en la Resolución 2582, el organismo cuestionó la denominada “tasa de servicio de control aduanero” aplicada por Ecuador a productos colombianos, que llegó hasta el 100%.
Para la Secretaría General, ese cobro funcionó en la práctica como un arancel encubierto incompatible con el libre comercio andino.
La decisión deja al Gobierno ecuatoriano en una posición incómoda, especialmente después de haber defendido públicamente estas medidas como mecanismos de protección y control comercial.
Colombia también fue sancionada
La CAN también concluyó que Colombia incumplió la normativa andina.
En la Resolución 2583, el organismo determinó que el llamado “arancel recíproco” impuesto a productos ecuatorianos y las restricciones aplicadas en aduanas colombianas violaron el régimen de libre comercio regional.
Entre los productos afectados estuvieron arroz, cebolla, banano y orito ecuatoriano, sectores que dependen fuertemente del mercado colombiano.
Además, la Secretaría General cuestionó varias restricciones sanitarias impuestas por Bogotá, señalando que no tenían suficiente sustento técnico ni sanitario.
Una guerra política que terminó golpeando la economía
Más allá del fallo jurídico, la decisión de la CAN expone el alto costo económico de convertir diferencias políticas en barreras comerciales.
El comercio entre Ecuador y Colombia mantiene una integración histórica que sostiene miles de empleos, operaciones logísticas y abastecimiento en ciudades fronterizas.
La caída abrupta del intercambio comercial dejó pérdidas para transportistas, comerciantes, importadores y productores de ambos lados de la frontera, mientras los gobiernos escalaban discursos políticos y medidas de presión.
El episodio también deja abierta una pregunta incómoda: ¿quién asumirá las consecuencias económicas de una disputa que terminó perjudicando a ciudadanos y sectores productivos mucho más que a los propios gobiernos?
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