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¿REGRESAN LOS APAGONES? EL ESTIAJE PONE A PRUEBA AL SISTEMA ELÉCTRICO ECUATORIANO


Empresas e industrias empiezan a prepararse ante un escenario de menor disponibilidad de agua. El embalse de Mazar pierde nivel y el sector privado vuelve a recurrir a sus propios sistemas de generación eléctrica.

Ecuador vuelve a mirar con preocupación el comportamiento de sus principales fuentes de generación hidroeléctrica. El inicio del estiaje y el descenso en los niveles del embalse de Mazar encendieron nuevamente las alertas sobre la capacidad del sistema eléctrico para enfrentar los próximos meses.

Desde mediados de agosto, empresas distribuidoras de electricidad han mantenido acercamientos con grandes industrias y centros comerciales para coordinar su desconexión temporal de la red pública en determinados horarios y permitir que estos establecimientos operen con sus propios sistemas de generación.

Aunque estas medidas han sido presentadas como voluntarias y consensuadas, en algunos centros comerciales, particularmente en Quito, trabajadores han reportado que los cortes o transiciones hacia los generadores se han vuelto recurrentes.

El problema no es menor. Durante esos cambios pueden registrarse interrupciones momentáneas en sistemas de pago, ascensores, iluminación y otras operaciones, con un impacto directo sobre las actividades comerciales.

Mazar vuelve a estar en el centro de la preocupación

El escenario adquiere mayor relevancia por el comportamiento del embalse de Mazar, una infraestructura estratégica para el sistema hidroeléctrico ecuatoriano.

El complejo Paute Integral, conformado por Mazar, Paute-Molino y Sopladora, tiene una capacidad instalada cercana a los 1.757 megavatios, equivalente a una parte significativa de la generación eléctrica nacional.

Al 9 de septiembre de 2026, el embalse registraba una cota de 2.143,54 metros sobre el nivel del mar, aproximadamente 10 metros por debajo de su nivel máximo.

Pero más que el dato puntual, la preocupación está en el ritmo de los aportes de agua. Durante los primeros días de septiembre, el caudal de ingreso habría alcanzado apenas 52,6 metros cúbicos por segundo, frente a un promedio histórico de alrededor de 75 m³/s.

Un escenario que Ecuador ya conoce

La situación recuerda lo ocurrido durante la crisis energética de 2024, cuando la reducción de los niveles de los embalses obligó al país a enfrentar prolongados períodos de racionamiento eléctrico.

En septiembre de aquel año, Mazar llegó a niveles considerablemente más bajos y Ecuador soportó jornadas con extensos cortes de electricidad.

Actualmente, el escenario todavía se encuentra lejos de aquellos niveles críticos. Sin embargo, existe un punto que genera especial preocupación: si el embalse de Mazar alcanza aproximadamente los 2.115 metros sobre el nivel del mar, las condiciones de operación de las turbinas se vuelven críticas debido a la presencia de sedimentos, lo que podría limitar la generación.

🌦️ El clima vuelve a ser un factor de incertidumbre

A este panorama se suma el comportamiento climático.

El estiaje comenzó antes de lo que muchos esperaban y se proyecta una temporada seca que podría extenderse hasta marzo de 2027. A esto se agregan los efectos de fenómenos climáticos y del cambio climático, que dificultan realizar proyecciones precisas sobre los niveles de lluvia y los caudales de los ríos.

Para especialistas del sector energético, esta incertidumbre obliga a adoptar medidas preventivas y a diversificar las fuentes de generación.

Empresas buscan depender menos de la red

Ante la posibilidad de nuevas restricciones, algunas empresas han comenzado a fortalecer sus propios sistemas de generación.

La generación distribuida y el autoconsumo aparecen así como alternativas cada vez más atractivas para el sector productivo, especialmente frente a un sistema eléctrico que continúa dependiendo en gran medida de las condiciones hidrológicas.

¿Estamos ante una nueva crisis energética?

Por ahora, no existe evidencia suficiente para afirmar que Ecuador esté nuevamente frente a un escenario de apagones masivos como el de 2024.

Pero las señales merecen atención: menor ingreso de agua a los embalses, inicio del estiaje, generación hidroeléctrica bajo presión y empresas que nuevamente preparan sus propios sistemas de respaldo.

La pregunta ya no es solamente si habrá o no apagones.

La verdadera discusión es si Ecuador está preparado para enfrentar otra temporada seca sin repetir los errores y las improvisaciones del pasado.

Porque cuando las luces comienzan a apagarse, el problema deja de ser únicamente energético: afecta al comercio, la producción, los servicios y, finalmente, al bolsillo de todos los ecuatorianos.

¿En tu ciudad ya se han registrado cortes, bajones o desconexiones programadas? ¿Está preparado tu negocio para una eventual emergencia eléctrica?

Déjanos tu opinión.

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