El organismo científico ENFEN de Perú advierte que el fenómeno podría alcanzar una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027. Manabí y otras zonas vulnerables de Ecuador deberán reforzar la prevención ante posibles inundaciones y deslizamientos.
La evolución del calentamiento del océano Pacífico mantiene en alerta a los organismos de vigilancia climática de la región. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), de Perú, proyecta que el fenómeno de El Niño Costero podría alcanzar una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027, con posibles repercusiones en las condiciones climáticas de los próximos meses.
Según el comunicado del 14 de septiembre, las proyecciones apuntan a que, durante febrero y marzo de 2027, el evento podría mantenerse entre categorías fuertes y extraordinarias, antes de experimentar una disminución gradual de su intensidad.
Manabí, entre las zonas que requieren mayor prevención
El pronóstico genera preocupación en Ecuador, especialmente en la provincia de Manabí, donde las lluvias intensas pueden incrementar el riesgo de inundaciones, desbordamientos de ríos y deslizamientos de tierra, además de ocasionar daños en viviendas, infraestructura vial, cultivos y otras actividades productivas.
La posible evolución del fenómeno plantea un desafío para las instituciones encargadas de la gestión de riesgos y los gobiernos locales, que deberán evaluar sus escenarios de vulnerabilidad, revisar los sistemas de drenaje, identificar las zonas expuestas y fortalecer los mecanismos de respuesta ante eventuales emergencias.
Una proyección que exige preparación, no alarma
Es importante precisar que el pronóstico del ENFEN corresponde a una proyección climática y no significa que todas las zonas del litoral ecuatoriano sufrirán inundaciones de gran magnitud. Los efectos dependerán de la evolución del fenómeno, las condiciones meteorológicas locales y la vulnerabilidad de cada territorio.
En este contexto, el seguimiento de los informes oficiales y la coordinación entre las instituciones de respuesta serán fundamentales para reducir los posibles impactos. La preparación anticipada, la limpieza de quebradas y sistemas de drenaje, así como la identificación de rutas de evacuación, pueden contribuir a disminuir los riesgos para la población.
Ante este escenario, Ecuador deberá mantener una vigilancia permanente y fortalecer las medidas preventivas, especialmente en las comunidades expuestas a inundaciones y deslizamientos.
La advertencia climática deja un mensaje claro: anticiparse a los riesgos será clave para proteger vidas, infraestructura y producción durante los próximos meses.

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