Por. Dr. Aquiles Hervas
Docente Universitario e Investigador
La cantidad de mujeres desaparecidas que empezó a dispararse en Quito no es una coincidencia, es parte del síntoma de un nuevo momento de la criminalidad en este territorio:
La experiencia y evidencias históricas mundiales demuestran que existe una correlación significativa entre el aumento de desapariciones de mujeres y la expansión del crimen organizado (no significando que absolutamente todos los casos tengan ese origen).
En contextos donde las organizaciones criminales fortalecen su control territorial, pero, sobre todo donde se desinstitucionaliza el pacto social de equilibrio y respeto las reglas, suelen incrementarse fenómenos como la trata de personas, la explotación sexual, los feminicidios, la violencia utilizada para intimidar a comunidades y la impunidad derivada de la corrupción institucional.
Así sucedió en Ciudad Juárez y otras regiones de México, Colombia durante el conflicto armado e Italia en el siglo de mafia, esto evidencia que las desapariciones de mujeres son un indicador de alerta sobre el crecimiento de estructuras criminales, y su vínculo con el Estado, especialmente cuando coinciden con otros signos como el aumento de extorsiones, desapariciones de jóvenes, falsos positivos, descomposición judicial, hallazgo de fosas clandestinas y debilitamiento de la capacidad del Estado y la sociedad para construir Paz sostenible desde el tejido común.
Hay un camino para salir de esto, por supuesto que lo hay, pero, primero debemos tomar consciencia del verdadero origen de la violencia.

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